SEMPER FIDELIS

Hoy, como tantas veces en la vida, empieza y termina al mismo tiempo una etapa. Una etapa que ha sido marcada desde su inicio por la gran impronta que genera la estela de una magnífica persona. Una etapa en la que larga, por la duración, pero corta por la sensación de que fue hace poco cuando empezó, no ha estado exenta de tristezas y alegrías, de retos y frustraciones, de problemas y éxitos, de sueños y realidades, de abrazos fraternales y problemas, de picos y valles, pero siempre, siempre, siempre, llena de emociones, encontradas en algunos casos.

Se abre una etapa de oportunidades por venir y otras que ya han venido, de retos por afrontar y problemas que trabajar, de grandes ideas por desarrollar y otras por terminar de enterrar, pero esta etapa empieza sin una pieza fundamental que me ha permitido crecer como profesional, pero sobre todo como persona.

Seguro que muchos pensarán que no es “oportuno”, que no es “el momento”, que no es “adecuado”, pero sinceramente, para mí es el momento, es oportuno y es adecuado. Seguro que a estas alturas del texto ya sabéis de quién estoy hablando, pero para aquellos que no lo sepan, tendrán que esperar un poco más 😉

Por dar algunas pistas voy a hablar de una persona, concretamente de uno de los máximos representantes de lo que es un caballero. Una persona que en dificultades siempre encuentra facilidades, que en problemas siempre encuentra oportunidades, que en momento de vacile siempre da el empujón necesario, que antes de hablar de ella habla de los demás, que antes de enfrentar busca fraternidad, que antes de decidir pregunta, que antes de pedir invita y que antes de él van los demás.

Hemos trabajado juntos, y seguiremos haciéndolo, en cualquier caso, más de 12 años. Años de cambios, crisis, problemas y desastres varios, pero siempre juntos y valorando opciones y oportunidades.

Se han hecho muchos planes, algunos ya realizados, otros por cerrar y otros muchos por realizar, pero siempre se han realizado desde el máximo respeto que le tengo. Realmente es en los momentos malos cuando las personas que están a tu lado se ganan el respeto que les puedes tener. En mi caso, no hay duda, y así lo he transmitido siempre, que para mí es una de las personas que más respeto, como profesional de más de 35 años trabajando en el mundo de la seguridad, y como persona, en las miles de horas que hemos pasado trabajando juntos.

En un equipo, al final, lo importante son las personas. Los resultados suelen salir del binomio que se forma cuando las personas se esfuerzan y tienen un objetivo común. Si bien es cierto, que tal como se dice, si quieres ir rápido, ve sólo, pero si quieres ir lejos, ve acompañado de un gran equipo. En mi caso, de un proyecto precioso que comenzó en 2004, hasta hoy, pero que seguirá, aunque de una manera diferente, en el presente futuro, hemos llegado muy lejos, multiplicando los resultados y el equipo, pero sobre todo creciendo personal y profesionalmente.

En cualquier equipo siempre debemos tener en cuenta al resto de personas. Tal y como se reza en la película “Cuando éramos soldados”, donde el teniente coronel Hal Moore (encarnado por Mel Gibson) arenga a sus hombres “No puedo prometerles que les traeré a todos de vuelta vivos, pero sí puedo jurarles que cuando la batalla se inicie seré el primero en poner pie en tierra y seré el último en abandonarla y no me dejaré a nadie atrás. Muertos o vivos todos volveremos juntos a casa”. Ese compañerismo es el que hemos vivido durante este tiempo. Un compañerismo representado por ser el primero y el último en afrontar los problemas y estar presente. Ese compañerismo que siempre es necesario en un grupo y que te da la fuerza suficiente para salir de cualquier situación porque sabes que estarás cubierto. Reconozco que es la envidia de cualquier equipo de alto rendimiento, pero a su vez es la mejor receta para dar lo mejor de ti mismo, sabiendo que no debes poner en riesgo a tu equipo con tus acciones, porque quieras o no, estarán allí cuando gires la cabeza.

No se trata de ser un descerebrado, ni un loco, ni un temerario, pero cuando sabes que alguien acudirá al fuego, sea el que sea, eres capaz de apostar más y ganar en el intento. Siempre tienes muchos conocidos en los momentos buenos, pero cuando empieza lo duro, sólo entonces, es cuando realmente filtras a los amigos.

Esa amistad es la que hemos forjado con los años, años que han tenido muchos momentos en los que de verdad se filtraban los verdaderos amigos, y en los que sin excepción siempre ha estado allí. No es necesario en absoluto que exista amistad en un equipo de trabajo, pero sí es cierto que la facilidad de comunicación y entendimiento se multiplica cuando surge.

Es cierto que ningún mar en calma hizo experto a un marinero, pero sin el sufrimiento y dureza que representaron algunos de los retos que afrontamos, estoy seguro de que ningún miembro del equipo hubiéramos podido llegar a ser lo que somos actualmente. Personas capaces de afrontar retos duros y complejos y capaces de obtener resultados satisfactorios gracias a la disciplina y tesón que nos transmitió.

La disciplina es uno de los valores más complicados de mantener. Muchas veces, si no obtienes resultados rápidos, máxime en este mundo inmediato en el que vivimos, tiendes a aflojar o a desanimarte, pero si perduras en el tesón, si aguantas la pereza, si evitas la desmotivación, sólo entonces es cuando aprendes a reponerte en cualquier situación. Siempre digo que la carrera universitaria poco te enseña a entender la vida real, pero si para algo sirve es para darte la confianza necesaria de ser capaz de resolver cualquier problema que se te presente. Eso sólo se consigue cuando has sido capaz de resolver miles de problemas durante la carrera, y esa confianza sólo te la da la disciplina de seguir trabajando en la absoluta creencia de que no vas sólo.

Siempre les digo a mis hijos que deben de cuidar una cosa por encima de todas las demás. Esta cosa es suya, de nadie más, y nadie se la podrá quitar nunca. Son sólo ellos mismos, cualquier persona realmente, la que decide, por una acto personal e intransferible, perderlo. Es el honor. Este honor, del que sólo tú eres consciente de que todavía no lo has perdido, y de que a veces otras personas te lo pueden ver. Ese es uno de los valores que más admiro de él. En un mundo en el que tienes unos principios, pero si no te gustan, tengo otros, ciertas personas brillan de forma especial. La estela que dejan estas personas genera un haz de tracción que es muy difícil no seguir, pero que, si tienes la suerte de sentir, nunca querrás dejarlo.

Parece fácil que puedas sentir lealtad a una persona con estas características, parece sencillo sentir las buenas cosas que se han escrito en este texto, pero tan sólo cuando pasas por los malos ratos, por los momentos de bajón, por los problemas más o menos apocalípticos a tu parecer, que siempre ocurren en una convivencia y los superas, sólo entonces es cuando eres capaz de decir que sientes lealtad por esa persona.

El compañerismo, la amistad, el esfuerzo, el respeto, la seguridad de que acudirá al fuego cuando aparezca, el sufrimiento y la dureza de corazón, la disciplina, el honor y la lealtad inquebrantable son valores que, para mí, sólo disponen unas pocas personas. La lista, por desgracia para mí, es muy corta y JJ, tal y como siempre firma él, está en ella. Pero dicha lista, y es justo decirlo aquí delante, la encabeza mi Padre.

SEMPER FIDELIS

 

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