¿Y tú, dónde estabas?

Hoy, 11 de marzo, es un día que siempre recordaremos muchas personas, darán igual los años que pasen, porque aquella mañana nunca se nos olvidará. Hablo desde el punto de vista de una persona que afortunadamente no sufrió la atrocidad en primera persona, no al menos físicamente.

Creo que pocas veces recordamos momentos de la vida con tanta claridad. Hay situaciones que a veces nos superan y se nos fijan en la memoria sin saber por qué. La tristeza que te invade al recordarlas sólo es comparable a la rabia que queda tras el sinsentido mortal de una acción de este tipo.

Se suele decir que es bueno hablar de estos sentimientos para compartirlos y lograr recuperarte. La tristeza nos permite reflexionar, analizarnos internamente y recuperarte de nuevo. En seguridad siempre hablamos de la resiliencia en todas las actividades, pero nunca hablamos de las marcas que dejan los incidentes.

Este post es diferente a los demás, puesto que sólo pretende compartir la experiencia personal de ese día, eso sí, buscando recuperarme un poco más cada 11M.

Miércoles por la noche

– ¡Otra vez se ha vuelto a romper el coche!

Fue el comienzo de la noche del miércoles 10 de marzo del 2004. ¿Cuándo es el momento de dejar de reparar el coche tras muchas averías?, pero quizás ese sea el tema de otro post .

A la mañana siguiente debía coger el tren, metro y autobús para poder ir a trabajar, lo recuerdo perfectamente, porque cuando sueles ir en coche, tienes que preparar bien cómo llegar a la oficina.

Tenía en la cabeza las horas y los intercambios que debía hacer para llegar a tiempo a la oficina. Entre las 7:45 y las 8:00 debía llegar a Atocha para poder coger allí el Metro, después de una odisea, todo lo es la primera vez que lo haces, para coger el tren. Como siempre, iba con tiempo para evitar retrasos de cualquier tipo.

Jueves

El despertador sonó a las 6:15, y tras levantarme y prepararme, incluso ponerme el traje, decidí no ir. La verdad es que era una paliza, tenía días de vacaciones y la agenda libre, cosa rara. Mandé un mensaje para decir que no iría ese día. Podría haber habido tantas otras posibilidades…

De repente el móvil sonó y me levanté aterrorizado, no recuerdo por qué, pero la sensación no se me olvidará jamás. Familia y compañeros de trabajo me llamaban a ver dónde estaba y si estaba bien. Recuerdo que sólo con contestar ya se tranquilizaron.

Las noticias eran horribles, la sensación de impotencia, rabia, dolor, ira incluso se acumulaban sin dejar sitio a la razón. De repente me acordé, ¡iba a estar allí a esa hora! Gracias a Dios no fue así, pero no ocurrió lo mismo para tantas personas…

Según un proverbio chino: «No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en en ella».

Todavía hoy, madrugada del miércoles al jueves 11 de marzo, lo recuerdo como cada año. Doy gracias de estar aquí y rezo por todas las personas que no llamaron ese día para decir que no iban al trabajo porque se había roto el coche.

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