Un día menos… ¿para qué? Parte I: ¿cuándo podrá acabar esto?

Quede claro que es necesario y de sentido común reducir la exposición. En la situación que estamos no podemos hacer menos. Hay que seguir haciendo un esfuerzo por el bien de todos, empezando por no añadir más estrés al sistema sanitario, pero cada vez que leo “… un día menos”, no puedo más que preguntarme si todos entendemos para qué.

Antes de continuar quiero dejar claro que las ideas que apunto ahora, que son completamente argumentables, desde un punto de vista objetivo, son aspectos que debemos conocer para poder hacer frente a lo que tenemos y tendremos en un futuro cercano. Debemos ponernos ya, o seguir, en función de con quién hables o qué leas, pensando en no volver a cometer errores, o faltas de previsión, o simplemente sorprendernos, o como lo queramos llamar, otra vez.

Quiero dividir esta entrada en varias partes, que iré publicando poco a poco. Hablaré del COVID-19, de cuándo acabará, qué debemos hacer mientras, después qué, qué perdimos en el camino, qué ganamos en esta crisis y en qué hemos evolucionado. Pero lo más importante para mí, hablaré desde el necesario y fundamental propósito de mejorar tu seguridad.

¿Cuándo podrá acabar esto?

Pues la verdad es que ni idea . Lo que sí está claro es que, según mi opinión, hasta que no lo pasemos un alto % de la población, o tengamos una vacuna que funcione bien (que posiblemente tarde todavía), no va a cesar.

La historia se repite

Si atendemos a la historia, más o menos reciente, toda nueva epidemia ocurrida tarda muchos meses, a veces incluso años, en pasar. Dicho esto, está claro que mientras que esperamos la vacuna, que muchos profesionales están buscando, debemos evitar colapsar los hospitales para poder tener un consumo de los recursos que no sature el sistema. Esto obviamente implica que nuestro esfuerzo debe estar orientado a retrasar lo máximo, es muy probable que la pasemos muchos (incluso muchos ya lo habrán pasado sin enterarse), ponernos malos.

He leído sobre cómo se produjo la mal llamada «Gripe española de 1918«, que no fue de origen español ni comenzó en 1918. Independientemente del origen, se cree pudo empezar en China o EEUU, ni del año, donde se cree los primeros casos fueron en 1916 o 1917, lo más importante de entender es que tuvo varios brotes. El catastrófico fue el segundo (algunas cifras apuntan a que el 75% de las muertes ocurrieron en este segundo brote) unos meses después del primero. Es por esto, que debe quedar claro, que todavía tardaremos en recobrar cierta normalidad, y que debemos prepararnos, mental y físicamente, para no bajar la guardia porque puede ser largo.

La historia es una fuente inagotable de conocimiento. Las cosas que nos ocurren, probablemente ya hayan ocurrido antes y debemos analizarlas para prepararnos adecuadamente. No se trata de ser pesimista, sino de mantener la concentración y evitar tener una recaída, por falta de contención, que deje pequeña la actual crisis.

Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor

Como decía siempre mi abuela: “A Dios rogando, pero con el mazo dando”, por eso, pese a esperar ponernos malo lo más tarde posible, debemos hacer todo lo que podamos por no contagiarnos. Esta acción implica cambios, no sólo de nuestra forma de vida, sino también en como cuidamos de nuestra propia seguridad.

No creo que haya nadie que crea a estas alturas que no nos debemos proteger.  Ahora toca pensar en lo que habitualmente no se piensa, o se piensa menos, tu seguridad. Evitar salir en la medida que se pueda (el pan se congela o se pone en la tostadora que queda muy bien y aguanta días ), seguir todas las consabidas normas de convivencia necesarias y obligatorias (sacar la basura también es salir por lo que sigue las mismas medidas de seguridad), pensar que estamos en guerra de guerrillas y el enemigo aparece donde menos se le espera (analizad vuestra casa y pensad por donde puede entrar: ropa, productos comprados, animales compañía, zapatos, cartas, bolsas, gafas y mascarillas que traes de la calle, móvil, llaves que tocas sin haberte lavado antes, cartera, etc. Debes atacar todos esos focos con la mejor arma que es: inteligencia, agua, lejía y trapo .

Y si mi entorno cambia… adáptate

Pero ¿y en el trabajo qué? Pues a no ser que tengas la fortuna de teletrabajar (que realmente es más un “revientaatraajar” por la cantidad de horas que se echan 😉 ) va a ser más complicado, por el movimiento obvio que genera y el tiempo de exposición. Nadie puede estar concentrado completamente (no tocarse la cara, que la mascarilla esté bien puesta, no quitarse las gafas, etc.) todo el tiempo. Por eso es mucho más importante evitar al máximo el contacto con materiales de cualquier tipo (puertas, pasamanos, móviles, papeles, etc.).

En resumen, en nuestra mano está que no dure muchísimo más, ni sea más mortal de lo que está siendo. Analiza tu entorno, piensa y actúa #Porqueesnecesaio #Yomequedoencasa.

¡Tú decides!

Siguiente entrada… «¿Qué tenemos que hacer mientras?» en breve.

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