Llevo un rato dándole vueltas a cómo contar esto sin que suene a nota de prensa. No es fácil. Cuando algo te importa de verdad, las palabras se resisten un poco más de lo habitual.
Voy a intentarlo.
La historia de un blog que no sabía lo que quería ser
El 26 de octubre de 2015 publiqué el primer post en elsentidodelaseguridad.com. Se llamaba «“Hoy”. Qué es la seguridad.«. No tenía plan editorial, ni calendario, ni estrategia de contenidos. Tenía ganas de escribir sobre seguridad de una forma que no encontraba en ningún sitio.
Lo que vino después no me lo esperaba.
En 2016 el blog explotó. Publicaba casi uno al día durante un año entero. Escribía sobre estrategia, sobre concienciación, sobre riesgos, sobre privacidad, sobre industria 4.0. Mezclaba opinión con noticias, formación con reflexión. Había una serie que se llamaba #Porqueesnecesario (25 entregas intentando explicar por qué la seguridad no es un capricho) y había momentos musicales, posts donde simplemente compartía una canción que me acompañaba mientras pensaba en todo esto.
No sé si era disciplina o necesidad. Probablemente las dos cosas.
A partir de 2017 el ritmo empezó a caer. Primero de forma gradual, después de forma drástica. Lo que había sido un post diario pasó a ser uno semanal, luego uno al mes, luego casi nada. Entre 2019 y 2022 el blog entró en una especie de hibernación larga. Años de silencio.
No fue porque dejara de pensar en seguridad. Fue porque caí en la trampa en la que caemos casi todos: dedicar el tiempo a lo urgente y dejar para después lo importante. Lo que aprieta gana, lo que importa espera. Y la escritura siempre puede esperar un día más. Hasta que un día son cinco años.
Hay una idea que con el tiempo he hecho mía: la vida necesita cuatro bloques (familia, trabajo, amigos y hobbies). Se puede ajustar el porcentaje de cada uno, pero no se puede eliminar ninguno. Yo eliminé uno. Y eso fue un error.
No lo digo con dramatismo ni con nostalgia. Lo digo porque se aprende más de lo que haces mal que de lo que haces bien. Y reconocerlo es la única forma de no repetirlo.
En total, más de 400 publicaciones entre el blog y LinkedIn. Repartidas de forma muy desigual, como casi todo lo que importa.
Si miro hacia atrás, lo que más me ocupaba era la estrategia y la concienciación, con diferencia. Esos dos temas dominaban casi todo. Después venían las noticias del sector, la opinión, los riesgos, el negocio, la formación. Había posts sobre seguridad lógica, sobre privacidad, sobre industria 4.0, sobre geopolítica e inteligencia de amenazas. Y había momentos musicales, una serie que no tenía nada que ver con ciberseguridad y que sin embargo lo tenía todo que ver. Un mapa desordenado pero honesto de las cosas que me preocupaban.
En 2025 volví. No al mismo blog, pero sí al mismo sitio. Con otra perspectiva, con más experiencia y con un propósito concreto: preparar el terreno para algo que llevaba años gestándose sin que yo lo supiera del todo.
El libro
Se llama «Las Celdas Vacías, el sentido de la seguridad«. Sale el 21 de abril.
No es un manual técnico. No es un ensayo académico. No es una novela al uso. Es las tres cosas a la vez, o ninguna, según se mire.
Son 28 capítulos: 14 de ficción y 14 de ensayo, alternados. La ficción sigue a un investigador que descubre que una organización tiene todas las piezas de seguridad pero ningún dibujo que las una. El ensayo desarrolla la reflexión que la ficción plantea.
La tesis de fondo es sencilla de formular y difícil de aplicar: seguimos protegiendo en compartimentos lo que las amenazas atacan como un todo. Separamos seguridad física de seguridad lógica, tecnología de personas, cumplimiento de sentido común. Y mientras tanto, lo que de verdad falla son las costuras entre unas cosas y otras.
El libro habla de eso. De las celdas que dejamos vacías cuando creemos que la seguridad es solo tecnología, solo normas o solo sentido común.
Hay tres imágenes que recorren toda la obra. La cinta americana, esa que sirve para reparar casi cualquier cosa de forma provisional pero que acaba siendo permanente. Las huellas en la nieve, las que deja quien camina primero para que otros puedan seguir el rastro. Y el taburete de tres patas: personas, herramientas y metodologías, que solo funciona si las tres crecen juntas.
Por qué ahora
Mi padre no sabía de ciberseguridad. No había oído hablar de matrices de riesgo ni de marcos de cumplimiento. Pero todo lo que sé sobre proteger lo aprendí viéndole vivir. Su forma de anticiparse, de reparar, de estar disponible sin que nadie se lo pidiera.
El libro está dedicado a él. Sale el 21 de abril porque ese día es su cumpleaños.
No voy a extenderme más sobre esto. Quien lea el libro entenderá por qué.
Lo que viene
No voy a pediros que lo compréis a ciegas. Voy a pediros algo más difícil: que le deis una oportunidad. En la página del libro podéis leer los primeros capítulos. Si en esos diez minutos sentís que algo os interpela, que una idea os hace pensar o que una escena os resulta familiar, el libro habrá cumplido su función. Y si decidís seguir leyendo, mejor.
La página del libro: elsentidodelaseguridad.com/libro-las-celdas-vacias/
La forma más callada de querer es estar disponible.
ISBN: 978-84-09-84198-1
Descubre más desde El Sentido de la Seguridad
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

