¿Quién Está Tomando Realmente Las Decisiones?

Hay una pregunta que nadie hace en los informes de prospectiva tecnológica, y que sin embargo debería ser la primera: cuando la tecnología avanza más rápido que tu capacidad de entenderla, ¿quién está tomando realmente las decisiones?

La Organización de Ciencia y Tecnología de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, ha publicado su visión del mundo hasta 2045. 46 páginas, 6macrotendencias, más de 145 referencias académicas. Un trabajo riguroso y, como suele pasar con los documentos institucionales bien hechos, lo más revelador no es lo que dice, sino lo que da por supuesto.

Cuál es la tesis oficial y la oficiosa

El documento plantea que 6 grandes fuerzas sociotécnicas redefinirán el panorama estratégico global en las próximas 2 décadas: la expansión de la competición a dominios no tradicionales, la carrera por la supremacía en inteligencia artificial y computación cuántica, la revolución biotecnológica, la división de recursos entre naciones, la fragmentación de la confianza pública y la creciente dependencia tecnológica.

Hasta aquí el estudio rigurosa. Pero la tesis real del informe, la que no se explicita pero lo vertebra todo, es otra: la ventaja tecnológica occidental ya no está garantizada, y las decisiones que se tomen ahora determinarán si la Alianza sigue siendo relevante en 2045 o queda relegada a un papel secundario frente a actores que invierten de forma masiva y coordinada. Dicho de otra forma:

El verdadero problema no es la tecnología sino garantizar el poder y quién lo tendrá.

¿Es casualidad que el informe se publicara recientemente?

No es casual que la OTAN publique esta actualización en 2025. El contexto lo explica todo.

China ha cerrado la brecha con Estados Unidos en investigación de inteligencia artificial. Los datos son contundentes; en publicaciones altamente citadas entre 2019 y 2023, China supera a Estados Unidos en cinco de las seis categorías clave, incluyendo aprendizaje automático, procesamiento de lenguaje natural y diseño de circuitos integrados. En 2009, el gasto estadounidense en investigación y desarrollo era más del doble que el chino. En 2021, la distancia se había reducido a 806.000 millones frente a 668.000 millones de dólares. La tendencia no admite interpretación alternativa.

Al mismo tiempo, la guerra en Ucrania ha demostrado que el campo de batalla moderno ya no distingue entre lo ciber y lo cinético. Los drones, la guerra electrónica y los ciberataques a infraestructura crítica no son el futuro: son el presente. Y la expansión de BRICS, incorporando a Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos, señala un reordenamiento del orden global que va mucho más allá de una disputa comercial.

La OTAN mira al horizonte y lo que ve no es tranquilizador. Este informe es su forma de decirlo sin provocar alarma.

Implicaciones inmediatas del informe

Los pirncipales retos a los que nos enfrentamos son:

Inteligencia Artificial y computación cuántica

El informe describe una carrera entre grandes potencias. Lo que implica es algo más incómodo; que la inteligencia artificial como tecnología de uso dual estará disponible no solo para Estados, sino para individuos que el propio documento llama superempoderados y para actores no estatales adversarios. Cuando una tecnología con capacidad de transformar la investigación científica, la toma de decisiones militares y la manipulación de la opinión pública se democratiza, el problema no es quién la tiene, sino quién no tiene capacidad de defenderse de ella.

La computación cuántica, que el informe sitúa como fiable en torno a 2029, transformará la criptografía, la logística farmacéutica y la monitorización ambiental. Pero también hará obsoletos los sistemas de cifrado actuales. Muchos aliados tienen estrategias nacionales de inteligencia artificial. Pocos tienen estrategias de cuántica. Y eso, en un horizonte de cinco años, es una negligencia.

Biotecnología

Aquí el informe es más directo de lo habitual. La convergencia de inteligencia artificial con biología sintética y tecnologías de edición genética como CRISPR baja la barrera de entrada para la creación de armas biológicas. El documento llega a afirmar que, a largo plazo, las bioarmas sintéticas podrían ser tan dañinas como las nucleares.

Pero hay un matiz que debería inquietar a cualquier profesional de seguridad; el Convenio de Armas Biológicas carece de régimen de verificación y no prohíbe explícitamente el uso de estas armas, solo su desarrollo, producción y almacenamiento. Es como tener una ley contra fabricar cerillas pero no contra provocar incendios.

La bioeconomía proyectada en más de veinte billones de dólares para 2030 hace que este sector sea irresistible para la inversión. Pero la velocidad de la innovación supera con creces la capacidad regulatoria. Existe una ventana de oportunidad para fortalecer los marcos legales antes de que la capacidad de producir bioarmas se extienda. Si esa ventana se cierra, el mundo se enfrentará a un riesgo comparable al nuclear sin controles equivalentes.

Dependencia del sector privado

Quizá el aspecto más revelador del informe es lo que dice entre líneas sobre quién impulsa realmente la innovación en defensa. Ya no son los gobiernos sino las empresas privadas. El documento lo presenta como una oportunidad al acceso a tecnología más barata y moderna. Pero la implicación real es otra. Cuando tu capacidad de defensa depende de actores comerciales cuya lealtad es a sus accionistas y no a tu alianza, tienes un problema de soberanía que ningún contrato de suministro resuelve.

El informe menciona de pasada al sector privado como si fuera una categoría homogénea. No lo es. SpaceX controla Starlink, del que dependen comunicaciones críticas. OpenAI y Google desarrollan modelos de inteligencia artificial con aplicación militar directa. Microsoft gestiona infraestructura cloud de gobiernos aliados. Estas no son empresas proveedoras. Son actores cuasiestatales con capacidad de influir en la competición estratégica.

¿Qué ocurre si uno de ellos decide no cooperar en un conflicto? El informe no responde. Ni siquiera formula la pregunta.

¿Y de qué no habla?

Todo documento institucional tiene un perímetro de lo decible. Este no es una excepción. Hay ausencias significativas.

No hay escenarios de fracaso. Las 6 tendencias se presentan como desafíos gestionables si se toman las decisiones correctas. Pero, ¿qué pasa si no se toman? ¿Qué ocurre si la Alianza pierde la carrera tecnológica, si la confianza pública se erosiona hasta el punto de hacer inviable el reclutamiento militar, si un cartel de minerales críticos estrangula las cadenas de suministro? El optimismo institucional tiene un precio: no prepararse para lo peor.

Tampoco se cuestiona si el modelo de consenso a 32 naciones es suficientemente ágil para competir con Estados autoritarios que deciden unilateralmente. Mientras la OTAN debate, China ejecuta. Esto no es una opinión: es una descripción del tempo de cada sistema y el tempo importa en tecnología.

El documento tiene un sesgo que vale la pena señalar: trata al Sur Global más como un tablero de juego que como un conjunto de actores con agencia propia. La votación en la Organización de las Naciones Unidas, ONU, sobre un nuevo orden económico internacional, donde la mayoría de países en desarrollo votó a favor y los aliados OTAN en contra, aparece como dato pero no como diagnóstico. La lectura entre líneas es clara:

Si la Alianza no ofrece algo mejor que el statu quo, el Sur Global buscará alternativas y BRICS está ahí, con los brazos abiertos.

¿Cómo será el 2035?

Si las tendencias del informe se materializan según su propio análisis, el mundo de 2035 será radicalmente distinto al actual en 3 aspectos concretos:

  1. La inteligencia artificial y la computación cuántica serán las diferenciadoras absolutas de poder económico y militar. Quien las domine no solo tendrá ventaja táctica: controlará el ritmo de la innovación en todos los demás sectores. Quien no las domine, dependerá de quien lo haga.
  2. Las bioarmas sintéticas se convertirán en una amenaza existencial comparable a las nucleares, pero regulada con marcos legales del siglo pasado. La diferencia clave con lo nuclear es que no necesitarás un Estado detrás para producirlas.
  3. La confianza pública seguirá erosionándose, alimentada por una desinformación generada por inteligencia artificial que ya es indistinguible del contenido real. Y aquí el informe aporta un dato contraintuitivo que merece atención: las búsquedas online para verificar información falsa aumentan la probabilidad de creer la falsedad, no la reducen. Esto pone en cuestión todos los programas de alfabetización mediática basados en busca y verifica. Si tu herramienta de defensa refuerza el ataque, necesitas repensar la estrategia desde cero.

Para los que puedan tomar decisiones…

 Hay 3 mensajes que extraer de este informe:

  1. Deja de pensar en la tecnología como un departamento. La inteligencia artificial, la cuántica, la biotecnología y la ciberseguridad no son temas técnicos que se deleguen a un equipo especializado. Son variables estratégicas que afectan a la capacidad de operar, competir y sobrevivir. Si no están en la agenda del consejo, no estás gobernando: estás administrando.
  2. Evalúa tu dependencia. No la dependencia genérica de la tecnología, sino la específica: ¿de quién depende tu infraestructura crítica? ¿Qué proveedor podría dejarte sin servicio? ¿Qué material crítico necesitas que está controlado por un actor que podría no ser aliado mañana? La interdependencia armada, el concepto de usar lazos comerciales como arma geopolítica, no es teoría. Es la realidad de las cadenas de suministro actuales.
  3. Invierte en lo que no se puede comprar a último momento: talento y confianza. El talento especializado en inteligencia artificial, cuántica, ciberseguridad y biotecnología no se improvisa. La confianza institucional no se recupera con una campaña de comunicación. Ambas requieren inversión sostenida, largo plazo y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

El informe de la OTAN dibuja un mundo donde la tecnología redefine las reglas del poder. Pero el verdadero dilema no es tecnológico. Es de gobernanza. Tenemos herramientas que avanzan a velocidad exponencial gobernadas por instituciones que avanzan a velocidad lineal. Y entre esas dos velocidades, alguien está tomando decisiones. La pregunta es si ese alguien eres tú o si, mientras debatías sobre el próximo presupuesto, la decisión ya la tomó otro.

El Volumen 2 de este informe está clasificado. Contiene las recomendaciones operativas. Lo que tienes delante es el diagnóstico público. Es suficiente para entender que la ventana de acción se estrecha. Lo que no es suficiente es leerlo y no hacer nada.

Puedes consultar el informe aquí: INF-0001_NATO_STO_Science_and_Technology_Trends_2025_2045_Volume_1_English

Fuentes


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